Ayer la vi de nuevo, arruinada, rendida y silenciosa. No, no hablo de persona alguna, es una casa; la casa de la maestra en la aldea de mi abuela. Su lamentable estado hace juego con el de la escuela y la enseñanza rural en general. Le hice una foto antes de que se derrumbe por completo, como sucedió con la vieja escuela. Un síntoma más del declive de nuestros pueblos y aldeas.
De niño, en las temporadas que pasaba con mi abuela, veía a la chavalería bajar corriendo por la caleya, alborotando al salir de clase. Les seguía la maestra, a paso tranquilo, cansada de lidiar con sus alumnos durante toda la mañana. Niñas y niños de dos aldeas vecinas, más pequeñas, también acudían a su escuela. Les enseñaba lo básico: leer, escribir y hacer cuentas. Un solo libro valía para todo. Eran tiempos de férrea disciplina: collejas, coscorrones, y reglazos en los dedos a los más díscolos, iban de la mano con castigos como estar de rodillas cara a la pared, o sosteniendo un libro en cada mano…
La casa de la maestra estaba junto a la única taberna-tienda de la aldea, donde lo mismo se bebía sidra que se compraban víveres o calzado. Lugar de reunión vecinal junto al viejo camino principal que descendía, serpenteando, unos cinco kilómetros hasta el pueblo más cercano. Aún recuerdo las caminatas, cuesta arriba, en compañía de mi familia, cargados de pertrechos, hasta la humilde casa de la abuela; sin luz, agua, ni baño. Las velas, los carburos, el fuego de la estufa de leña, o los viajes al grifo de la vecina para llenar un cubo de agua…
En verdad aprendí mucho en aquella aldea perdida, fuera del colegio, la ciudad y el asfalto. Vi a una vaca pariendo, hacer pan en un horno de leña, recoger patatas con una yunta de bueyes; contemplé el vuelo de las águilas y un montón de estrellas en el cielo. Escuché viejas historias de lobos y leyendas de tesoros al amor de la lumbre, fuertes tormentas acurrucado en mi cama, el zumbar de las abejas, o el ulular del viento entre los árboles… En definitiva, aprendí a valorar las pequeñas cosas; esas que te dan la felicidad.