Los filtros son accesorios indispensables para sacar mejores fotos.
Los más populares son el ultravioleta (UV) y el polarizador (PL). El
primero es el más utilizado, puesto que además de eliminar la
radiación ultravioleta -responsable de ese tono azulado que tienen
las fotos en días soleados-, protege de golpes y arañazos la lente
frontal de cualquier objetivo. No supone una rebaja en la cantidad
de luz que penetra en el objetivo, por lo que se puede dejar
siempre puesto.
Por lo que respecta al polarizador sus efectos son apreciables
hasta para el observador más despistado; el cielo queda más azul y
las nubes más blancas. Los colores cobran vida y se muestran
saturados. La linea del horizonte destaca de otra manera. Además
elimina los reflejos de los cristales. En definitiva, es como ponerle
unas buenas gafas de sol a la cámara; sus efectos son graduables
según se gire la parte móvil del filtro, que consta de dos partes:
una fija, la que se enrosca al objetivo, y otra, la que se mueve con
la mano, para hacer más o menos intensa la polarización. Tened en
cuenta que el cielo puede llegar a quedar prácticamente negro…
El filtro polarizador, de color gris oscuro, sí que reduce la cantidad
de luz que penetra por el objetivo en un diafragma y medio
aproximadamente; dato a tener en cuenta si el objetivo no es muy
luminoso o el día no está radiante de sol.
Existen otros filtros, menos utilizados, de colores para el blanco y
negro, o de tramas para efectos especiales. Hoy en día muchas
cámaras llevan alguno incorporado en los modos del menú…

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