De fotos por… la Universidad Laboral de Gijón

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El 6 de Octubre de 1945 se constituye la fundación benéfico-docente “José Antonio
Girón”. Su objetivo era “la formación cultural, moral, patriótica y profesional de
niños huérfanos cuyos padres hayan sido víctimas de accidentes de trabajo en la
minería”. El 4 de Abril de 1946 se declara por decreto la urgente construcción de un
orfanato minero en Gijón. El edificio debería acoger a mil alumnos internos más un
número variable de alumnos externos. La Universidad Laboral de Gijón cobra forma.
Las obras comienzan el 1 de Abril de 1948, bajo la dirección del arquitecto y profesor
Luis Moya Blanco, con un grupo de arquitectos. En 1955 comienzan las clases.

Vista panorámica de la Laboral en el siglo XX

Universidad Laboral de Gijón como ciudad modelo amuralladadecumanus maximus entre la entrada y la torre.

El edificio de la Universidad Laboral de Gijón es concebido como un monumento
al trabajo, lógicamente basado en la ideología imperante en aquella época y en la
condición ecléctica e integradora del historicismo de Moya. Así pues, la idea de
trabajo no va a ser considerada como una mera actividad de subsistencia sino como
un valor supremo, ideado como piedra angular de aquella sociedad, que se organiza
en corporaciones profesionales; por tanto, la Universidad Laboral es concebida como
un modelo de ciudad tradicional, intemporal y autónoma, inspirada en el clasicismo
greco-romano. En este sentido se aprecian detalles como la orientación este-oeste del
eje del torreón de la entrada con la torre, la zona noble con su plaza central, torre,
iglesia, teatro… recogido todo ello en un recinto cerrado con aires de fortaleza. Fuera
quedan los talleres, en un nivel más bajo, pero comunicados con la zona principal
mediante una rampa que termina en una gran logia, a modo de “arco de triunfo”, que
simboliza el camino hacia el éxito y la aceptación social mediante el trabajo.

rampa y logia entre tallleres y zona noble. Universidad Laboral de Gijóngran puerta de entrada a zona noble desde talleres. Universidad Laboral de Gijón

Los talleres tienen una doble función: por un lado formación profesional industrial,
y por otro la fabricación de productos industriales para, junto con granjas y campos
de cultivo, tener una auto-suficiencia financiera (al menos parcial).

Vista parcial de los talleres de la Laboral en Gijón

La construcción de los talleres tiene en cuenta el aprovechamiento de la luz natural,
ya que las cubiertas en dientes de sierra, al tener orientación norte, proporcionan una
iluminación uniforme, sin ningún tipo de contrastes de luces y sombras que pudieran
provocar accidentes laborales. Además hay que considerar el ahorro energético que
supone esta fuente de iluminación gratuita. El nivel de iluminación conseguido en los
talleres es de excelente calidad, lo que permite llegar a realizar, incluso, trabajos de
precisión utilizando solamente luz natural. La sostenibilidad no es cosa de ahora.

típìco taller para FP en Universidad Laboral de Gijón

Al entrar en una de las naves encontramos un puesto de trabajo donde un alumno
que estuviese trabajando en una de las maquinas tendría la sensación de estar en un
local abierto al exterior, evitando cualquier sensación de claustrofobia, puesto que a
la altura de la vista hay una serie de ventanales corridos desde los que se ven patios
verdes con agradables jardines. Si nuestro alumno mira al techo verá buena parte del
cielo sin ser deslumbrado por el sol.

soportales separando los talleres del exterior. Universidad Laboral de Gijón

Un buen número de ciudades han estado amuralladas gran parte de su historia, y si
nos fijamos en el exterior de la Universidad Laboral también vemos ese concepto de
ciudad tradicional en los muros perimetrales de las fachadas, con entrantes y salientes
que se asemejan a murallas con bastiones. Dichas fachadas parecen impedir el acceso
a cualquier intruso. Existe una clara intención de remarcar la diferencia de dos
mundos; así hay un espacio interior que pretende ser culto y organizado, con
epicentro en su plaza mayor, en clara oposición a ese otro mundo exterior carente de
esos valores.

Plaza Mayor y epicentro de esa ciudad ideal. Universidad Laboral de GijónIglesia, con su torre al fondo, en Universidad Laboral de Gijón

En el centro de este modelo de ciudad aparece la iglesia como elemento principal,
custodiada por esa enorme torre a modo de campanario. Este elemento es tradicional
en las ciudades occidentales. Las clases privilegiadas construyen sus palacios en el
centro de estas ciudades, con la pretensión de remarcar su poder. Así en nuestra plaza
central se disponen las fachadas de los “palacios” más importantes, como el salón de
actos, el patronato, y el pabellón de dirección. Todos ellos con importantes funciones
de representación oficial. También la torre señala el punto más alto del perfil de la
ciudad y pretende servir de luz y guía para ese “peregrino perdido” que busque esa
ciudad mítica donde impere el orden y la cultura.

Torreón de entrada a la zona noble de la Universidad Laboral de GijónTorre de la Universidad Laboral en Gijón

Observando la puerta principal de acceso al conjunto, aparece el gran torreón de
entrada, similar al utilizado por las ciudades amuralladas, que ya aparece en la
antigua Roma y fue muy utilizado en la Edad Media. Extramuros de las ciudades
viven las clases humildes, entre los que se encuentran gran parte de los artesanos. A
nuestra ciudad tradicional tampoco le faltan esos “suburbios”, reflejados en los
talleres industriales, que de alguna manera nos están transmitiendo una jerarquía o
estatus. Contribuye a esta sensación la colocación de los talleres en el terreno, ya que
éste desciende de una manera natural, realzando esa sensación de sumisión jerárquica
al poderoso centro de la ciudad. De una manera simbólica, podemos decir que el hijo
de un trabajador, que con su tesón y esfuerzo, logra superar el duro y estricto periodo
de aprendizaje y formación en estos talleres, puede llegar a lo más alto de la sociedad
y ser admitido como miembro de pleno derecho en la clase dirigente, representada en
los palacios de la ciudad.

Universidad Laboral de Gijón; nexo entre talleres y ciudadelaescalera que sube de los talleres a logia que comunica con la zona noble. Obsérvese el efecto claraboya que simboliza el éxito. Universidad Laboral de GijónEl concepto de ciudad tradicional planteado por Luis Moya, intenta reflejar unos
pretendidos valores sobre una ciudad intemporal, cerrada, autónoma, jerarquizada, en
perfecto orden y faro de referencia cultural. Parece estar buscando un incierto paraíso
perdido, lleno de grandes valores.

Palacios en la zona noble, representando grandes valores. Universidad Laboral de GijónPalacio en zona noble de Universidad Laboral de GijónIglesia de la Universidad Laboral, Gijón detalle de fachada de la iglesia de la Universidad Laboral en Gijón Virgen de Covadonga, o Santina, sobre la puerta de la Iglesia de la Universidad Laboral en Gijón.

La Universidad Laboral de Gijón tiene un valor turístico innegable, que no se ha
querido aprovechar hasta hace poco. En los últimos 20 años del siglo XX ha estado
abandonada a su suerte; era el “patito feo” de la ciudad y su existencia era hurtada de
las guías turísticas. Las instituciones locales y regionales, mayoritariamente de signo
izquierdista, la ninguneaban por su pasado y simbología franquista. Nunca quisieron
poner en valor esta joya arquitectónica. Pongamos varios ejemplos: la torre, inspirada
en la Giralda de Sevilla, es el edificio más alto de Asturias y el de piedra más alto de
España. Tiene un ascensor para llegar al mirador que estuvo estropeado varios años.
La iglesia, hoy desacralizada, fue una obra maestra de Luis Moya, que era experto en
bóvedas tabicadas. No tiene columnas sino nervaduras de ladrillo, y es una de las
iglesias de planta elíptica más grandes del mundo. El teatro, de estilo helenístico,
poseía una acústica singular, echada a perder en su rehabilitación, además de butacas
reclinables de piel. Un antiguo escudo de España lo corona. Estuvo a punto de ser
desmantelado como casi todo el resto de simbología de época franquista. En su día
hubo mucha polémica por este tema, aunque se optó por conservarlo para la historia.

Teatro de la Universidad Laboral de Gijón antiguo escudo de España durante el régimen de FrancoLa Universidad Laboral, en extensión, es el edificio más grande de España; cuatro
veces más que el Monasterio de El Escorial. También es Bien de Interés Cultural y,
desde 2020, candidata a Patrimonio de la Humanidad. A día de hoy, la Universidad
Laboral de Gijón continua su función docente, cultural y deportiva.

Mi agradecimiento a Angel Martín R., A. Cuartas Suárez, F. Suárez Dominguez, J.J.
del Coz Díaz y A. Lozano Martinez-Luengas por su permiso para sacar contenidos de
su libro “Los talleres de la Universidad Laboral de Gijón”.

De fotos por… Gijón

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Resulta complicado escribir sobre la ciudad en la que uno vive. Es tan subjetivo
como opinar sobre tus padres o tus hijos. Desde la atalaya que me proporciona el
mostrador de mi tienda, escuchando las opiniones de los turistas y viajeros que nos
visitan, además de las inevitables comparaciones con otras ciudades que he visitado,
intentaré ser objetivo aunque no sea fácil; y es que Gijón enamora.

Atardecer en Gijón. Foto Figaredo, GijónZona de Fomento al atardecer. Foto Figaredo, GijónCasa Paquet. Foto Figaredo, GijónPalacio de Revillagigedo. Foto Figaredo, Gijón Calle Covadonga. Foto Figaredo, GijónIglesia de San Lorenzo. Foto Figaredo, Gijón
Lo primero que te comenta una persona que acaba de llegar es la hospitalidad y
simpatía de sus habitantes. Desde una desconocida a la que preguntan por una calle
hasta el camarero del bar donde paran a tomar algo. ¿Es la ciudad la que moldea el
carácter de sus habitantes o son estos los que moldean a la ciudad? Dificil pregunta;
parecida a la de si fue primero el huevo o la gallina. Tal vez sea el influjo de la sidra
que se comparte o del mar que nos hermana.

Cuesta del Cholo en Cimadevilla. Foto Figaredo, GijónBarcos pesqueros de bajura. Foto Figaredo, Gijón

La segunda alabanza del turista es, siempre, la gastronomía: lo bien que se come
por estos lares. La calidad de nuestras viandas, las abundantes raciones y el precio
comedido son objeto de elogio y admiración. Por no hablar de los pinchos con los
que te agasaja el más humilde hostelero. Pequeños bocados de nuestra tierra incluidos
en el precio de la consumición. ¿Qué más se puede pedir?

Bares de Cimadevilla. Foto Figaredo, Gijón

Otro aspecto que destaca el visitante es la belleza del paisaje gijonés, con una
magnífica relación calidad-precio en sus alojamientos. Gijón tiene, además, un
tamaño ideal para el paseo. Ni muy pequeño ni demasiado grande. El mar es su punto
fuerte; lo sabían los antiguos cilúrnigos que habitaban la Campa Torres, hoy balcón
privilegiado para observar el gran puerto de El Musel. De oeste a este prosigue la
linea de la costa con la playa del Arbeyal, la de Poniente, el Puerto Deportivo, el
cerro de Santa Catalina en el viejo barrio de Cimadevilla, con la icónica escultura del
Elogio del Horizonte de Eduardo Chillida, continuando con la entrañable playa de
San Lorenzo y su paseo marítimo que se extiende, pasando por la recoleta playa de
Peñarrubia, hasta el alto de La Providencia; desde donde podemos disfrutar de una
panorámica de la ciudad, asomándonos a su mirador en forma de barco.

Puerto de El Musel y Campa Torres, vista parcial. Foto Figaredo, GijónPunta Lequerica. Foto Figaredo, Gijón Puerto Deportivo, vista parcial. Foto Figaredo, Gijón Puerto Deportivo. Foto Figaredo, Gijón Elogio del Horizonte. Foto Figaredo, Gijón Elogiio del Horizonte. Foto Figaredo, GijónPlaya de San Lorenzo, zona este. Foto Figaredo, GijónPlaya de San Lorenzo zona oeste. Foto Figaredo, GijónEn cuanto a equipamientos culturales Gijón no tiene nada que envidiar a los de una
gran ciudad. Tenemos el Museo del Ferrocarril, con interesantes vagones e históricas
locomotoras de vapor. No hay que olvidar la preponderancia que este medio de
transporte tenía en nuestra ciudad, con líneas de Renfe y Feve que contaban con la
céntrica estación del Humedal, ya demolida; ahora solo queda una “provisional”,
alejada del centro y en medio de la salida a la autopista, además de un túnel sin
metro. La miopía de sucesivas corporaciones locales ha lastrado el desarrollo del
ferrocarril, con interminables estudios, proyectos, reuniones y discusiones estériles.

Antigua estación de El Humedal. Foto Figaredo, Gijón

Continuando con los museos, podemos visitar los de famosos pintores, como el de
Evaristo Valle en Somió, Nicanor Piñole en Puerta la Villa, o Juan Barjola en la calle
Trinidad. También merece una visita la Casa Natal de Jovellanos, gran prócer local.
Tampoco podemos perdernos las Termas Romanas de Campo Valdés junto a la iglesia
de San Pedro, o el Acuario de Gijón, con 4000 especies marinas, al lado de la playa
de Poniente. No pueden faltar el Pueblo de Asturias, en el recinto de la FIDMA, y el
Jardín Botánico en Cabueñes. Por no hablar de la red de Centros Municipales, con
exposiciones, cine, teatro y conciertos, entre otras actividades.

Teatro Jovellanos. Foto Figaredo, Gijón Estatua de Jovellanos. Foto Figaredo, Gijón Museo Nicanor Piñole. Foto Figaredo, Gijón

Aunque, sin duda, el monumento más grande que tiene Gijón es su magnífica
Universidad Laboral, soberbia creación de Luis Moya, dotada de equipamientos
académicos, deportivos y culturales. Se trata del edificio más grande de toda España,
cuatro veces más que el monasterio de El Escorial, al que dedicaremos un capítulo en
exclusiva.

Universidad Laboral de Gijón. Vista parcial. Foto Figaredo, Gijón
Perderse por Gijón, por sus calles y plazas, por sus parques y jardines, es todo un
placer que a nadie defrauda. Su clima suele ser templado, sin los rigores de otras
latitudes. ¡Toda una experiencia que no os podéis perder!

Plazuela de San Miguel. Foto Figaredo, Gijón Parque en Puerta La Villa. Foto Figaredo, Gijón Mercado del Sur. Foto Figaredo, GijónEstatua de Pelayo. Foto Figaredo, Gijón Detalle en estatua de Pelayo. Foto Figaredo, GijónPlataneras en paseo marítimo de Gijón. Foto Figaredo, Gijón

Cámaras de fotos instantáneas

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En los últimos años, con el auge de la moda “vintage”, se han vuelto a poner de moda
las cámaras de fotos instantáneas entre la juventud. Sobre todo chicas entre, digamos,
los 12 y 24 años aproximadamente. Aunque no poseen la misma calidad que las
cámaras digitales convencionales, o las de los móviles, tienen otras ventajas: hacen
fotos en papel únicas y en el acto, lo que las hace muy populares en fiestas y otros
eventos. Además, al no ver la foto antes de imprimirla y tener un coste de carga nada
barato, estimula la creatividad; es decir, antes de disparar se lo piensan más…

cámara instantánea blanca cámara instantánea negra
Aunque la marca Polaroid fue la más famosa en su día, actualmente Fujifilm es la
que se lleva el gato al agua. La más vendida con diferencia. A su favor tiene el coste
de las cargas, mucho más económico que las Polaroid. También son más compactas y
dan mejor calidad de imagen. Por último tienen una gama de colores más amplia.
Otra opción creativa de las fotos instantáneas es la posibilidad de personalización:
por medio de un punzón redondeado se pueden alterar los colores y las formas si se
aplica presión desde la parte de atrás. Hay gente muy hábil con esta herramienta.
También están los complementos que adornan la foto, en forma de postales y varios
tipos de adhesivos.

postal para fotos al instante tiras adhesivas para fotos al instante postal para foto al instante postal para fotos al instante diseños adhesivos para poner en fotos instantáneas
Tras la Instax mini 8 y mini 9 ha llegado la mini 11. Fuji implementa sustanciales
mejoras en este modelo: mayor calidad y claridad de imagen, diseño más compacto,
exposición automática -se terminó tener que cambiar el dial de la luz-, un disparador
personalizable y nuevos colores.
Normalmente las Instax vienen “peladas”; es decir, la cámara con pilas, correa nada
más. Ahora tenemos unos kits muy interesantes que incluyen unas postales diseñadas
por stampam.net, con unas hendiduras para colocar y presentar las fotos, además de
una variedad de adhesivos para personalizarlas. También incluye dos cargas de diez
fotos cada una, con lo que no hay que comprar nada aparte.

caja de cámara al instante ideas para presentar fotos al instante ideas para personalizar fotos instantáneas
Nos gusta instruir a nuestros jóvenes clientes en el correcto manejo de la cámara y
las cargas para evitar averías que no cubriría la garantía. También les damos pautas,
trucos y sugerencias para sacar el máximo partido a la cámara que nos han comprado.

La casa de la colina

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En algún lugar de Centroeuropa un caminante avanzaba exhausto entre la nieve.
Buscaba un lugar donde quedarse. Con las últimas luces del atardecer divisó una
pequeña casa en lo alto de una colina cercana. Pensó que sería un buen lugar para
pasar la noche.
Llamó a la puerta, esperó, y nadie respondió. Como el frío era intenso y la noche se
echaba encima accionó la manilla y empujó la puerta, que se abrió con un crujido de
sus oxidadas bisagras. Entró a un pequeño vestíbulo lleno de telarañas. La casa
parecía abandonada. Con la ya escasa luz que entraba por la puerta vio, en un estante, una caja con velas y varios candelabros. No había electricidad. Se alegró de llevar un mechero encima. Encendió dos velas, las colocó en un candelabro, y cerró la puerta. Accedió a una sala donde había una chimenea, una silla desvencijada y una mesa. Un viejo jergón, en una estancia contigua, completaba el escaso mobiliario. Al fondo de la sala, en un rincón, descubrió una puerta. Era más maciza que la de la entrada. En su parte superior un letrero rezaba: “Quien aquí mora no recibe visitas”. Aunque dudó un instante, acabó cediendo a la tentación y la abrió. Tuvo que emplearse a fondo para empujar la pesada puerta.
Alzó el candelabro, y la tenue luz de las velas dejó entrever una escalera de madera
que descendía a una completa oscuridad. Acuciado por la necesidad de leña y,
también, llevado por la curiosidad, comenzó a bajar los escalones hacia lo que parecía
el sótano de la casa. Los carcomidos peldaños crujían a su paso. El aire estaba
enrarecido. Olía a humedad y podredumbre. No había recorrido ni la mitad de la
escalera cuando escuchó un ruido a su espalda. La puerta se había cerrado. Continuó
su descenso, peldaño a peldaño, hasta llegar al suelo, que era de tierra. Caminó unos
metros, a través de un pasillo, hasta una especie de cueva, jalonada de piedras más o
menos verticales. Acercó el candelabro a la más próxima y descubrió una lápida con
caracteres hebreos. Alzó la luz y vio muchas más. Estaba en una gran cripta. En ese
momento lo entendió todo: la casa de la colina no era más que la entrada a un antiguo
cementerio judío. Preso del pánico, echó a correr hacia la puerta por donde había
entrado. Subió los escalones, de dos en dos, abalanzándose sobre la puerta para salir
de allí cuanto antes. Pero le aguardaba una terrible sorpresa: la gruesa puerta carecía
de manilla o picaporte alguno. Un enorme muelle, situado en su parte superior, la
mantenía bien cerrada. Pensada solo para entrar. Diseñada para que nada saliera.


Desesperado, volvió sobre sus pasos. Tenía que haber otra salida. Recorrió todo el
cementerio buscándola. Había docenas de tumbas y, entre ellas, varios esqueletos con
jirones de ropa. Desgraciados que cayeron en la misma trampa. Al otro extremo de la
cueva un derrumbe taponaba la salida. El aire se volvía irrespirable. Comprendió que
jamas saldría de allí; que, al final, había encontrado un lugar donde quedarse… para
siempre.
De pronto, una mano agarró su hombro y lo zarandeó. Gritó aterrado, como nunca
había gritado. Entonces una voz le susurró… despierta hijo, son más de las ocho,
¡Llegarás tarde al colegio!

50 aniversario de Foto Figaredo

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Mi padre, José Figaredo, empezó como fotógrafo de calle hacia la
década de los 50 del pasado siglo. Anteriormente había trabajado
en los fielatos. Compaginaba ese trabajo con un empleo en la
antigua Oficina de Turismo y Museo de la Gaita, en la Plaza del
Parchís. En una época en que casi nadie tenía una cámara de fotos
ofrecía sus servicios, junto a sus colegas Perlines y Vegafer, en el
parque Isabel La Católica o en la playa de San Lorenzo. En esta
última conoció a mi madre, quien le convenció para buscar un local
y fundar Foto Figaredo el 1 de Septiembre de 1970.
Recuerdo mi infancia, entrando en el cuarto oscuro, con la luz
roja y las fotos saliendo, mágicamente, de la cubeta del revelador.
Primero en casa y luego en el local. Veía a mis padres trabajando
duro, mano a mano, él revelando, ella secando. Madrugones.
Disgustos cuando algo no salía bien. Y yo ahí, aprendiendo a no
entrar en el laboratorio cuando no debía y llevando algún azote,
bien merecido, cuando pisaba las fotos de los clientes, ordenadas
en el suelo. Con los años mi madre destacó en el estudio, haciendo
cada vez más y mejores fotos. Tras su jubilación, en 1999, tomé el
relevo y, junto con mi mujer, afrontamos el desafío digital, con
nuevos equipos de impresión y la imprescindible formación en
nuevas tecnologías; manteniendo, eso siempre, la esencia de la
veterana tienda de fotografía de toda la vida, donde trabajaron,
también, mi hermana y hermano. Varias generaciones han pasado
por la tienda, ya sea para comprar álbumes o marcos de fotos,
revelar, o hacerse las necesarias fotos de carnet, en las que
mimamos a los más pequeños, haciendo nuestro el viejo reclamo
de mi padre en sus primeros tiempos: “el fotógrafo de sus niños”.
En cuanto al capítulo de anécdotas: mi madre hizo la foto de
pasaporte de Quini para el mundial de Argentina del año 1978.
Quini se presentó con un chándal que, hoy día, nadie se pondría.
También pasaron por la tienda otros famosos jugadores del
Sporting de aquella época, como Jimenez, el portero Ablanedo y el
defensa Herrero I. En la actualidad viene Carlos Carmona. Mi padre,
al que le encantaba el tango -y, de hecho, los cantaba a menudo-
un día reconoció a Carlos Acuña y se hizo una foto con él, por la
que tenía especial cariño. En cuanto a políticos destacados,
recuerdo a Francisco Alvarez-Cascos, Xuan Xosé Sanchez Vicente y
al difunto Vicente Álvarez Areces. Otros clientes famosos pueden
ser Ruperto Álvarez Romero; uno de los descubridores de la cueva
de Tito Bustillo y el periodista José Ramón Perez Ornia, creador de
la TPA y fallecido recientemente. 50 años acumulando experiencias.

Pandemias y mascarillas

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Por gentileza de nuestra amiga Telvi, de La Camocha, os traigo hoy
este conjunto de fotos y un B.O.E. de 1918. Gracias al invento de la
fotografía se ha podido plasmar otra pandemia ocurrida hace unos
100 años; en 1918. La, mal llamada, gripe española. Las fotos, con
el encanto del blanco y negro, pertenecen a lugares diferentes,
pero en todas hay un denominador común: la mascarilla. Y es que
la historia, tozuda, se repite. El ejército en la calle, grandes naves
repletas de enfermos, y la toda la gente con mascarilla. ¿Toda?, no.
Un grupo de irreductibles individuos resiste al invasor… a pelo. Y es
que en tiempos de pandemia sanitaria se distingue mejor a otro
tipo de gente: los afectados por la estulticia, o estupidez, otra plaga
que recorre el mundo desde tiempos remotos y enemiga de la
inteligencia. Los vemos a diario en las noticias: el que se salta el
cordón policial para hacer fotos de las olas en pleno temporal, o la
que se hace un selphie al borde de un precipicio; haciendo de la
fotografía una actividad de riesgo… comparable al tema que nos
ocupa estos días. Cuando estos comportamientos son mortales y se
circunscriben al individuo que los protagoniza, es asunto individual
y una forma de selección natural de la especie. Lo triste es cuando
afecta a otras personas que nada tienen que ver. Cumplamos pues
con la obligación de llevar mascarilla en lugares concurridos para no
ser cómplices del coronavirus. No hacerlo, aparte de irresponsable,
es una falta de educación y respeto por los demás.

De fotos por… Pueblos Negros

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Pueblos Negros. Foto Figaredo, Gijón

Estamos en La Alcarria, viajando hacia los Pueblos Negros; el
secreto mejor guardado de la provincia de Guadalajara. Por el
camino, una vez abandonada la fría autopista, entramos en una
zona de carreteras comarcales, campos repletos de colza en flor,
bosques sin casas… la naturaleza en todo su esplendor.
El autocar, fletado por CN Travel, lleva una guía que nos explica
los pormenores del paisaje que atravesamos: la Sierra Norte de
Guadalajara y el singular Hayedo de Tejera Negra. Aquí, entre el
Barranco de Río Dulce y el pantano del Vado, Félix Rodríguez de la
Fuente rodó, a mediados de los 70, más de 80 capítulos de la
popular serie “El Hombre y la Tierra”. Animales como el zorro, el
lobo, o el águila real fueron los protagonistas en horario de máxima
audiencia; en una época en que prácticamente no existía ninguna
sensibilidad social por los animales ni la ecología.
Tras un largo trecho viendo arbolado, ejemplares de cérvidos y
águilas, llegamos al pueblo de Tamajón; localidad que, aunque no
entra dentro de los Pueblos Negros, inicia la ruta hacia los mismos.
Tamajón no tiene nada de particular salvo, a las afueras, la iglesia
de la Asunción. Templo románico del siglo XIII, aunque reformado
en el siglo XVI con estilo renacentista.

Iglesia de la Asunción. Foto Figaredo, Gijón
A un kilómetro del pueblo encontramos la Ciudad Encantada de
Tamajón, que consiste en curiosas formaciones rocosas, de piedra
caliza, muy similares a las de su homónima de Cuenca. Miles de
años fueron necesarios para que el agua y el viento creasen este
conjunto de cuevas, arcos y columnas, entre viejas sabinas.
Continuamos, por una estrecha y sinuosa carretera, hacia el
pueblo de Majaelrayo, el primero de la ruta de los Pueblos Negros;
también llamados de arquitectura negra. La razón del apelativo es
sencilla y nada misteriosa: las casas, tejados, muros, pozos, calles
y plazas están hechos de pizarra, la piedra más habitual en la zona,
ya sea en bloques o lajas.

Pueblos Negros. Foto Figaredo, Gijón Pueblos Negros. Foto Figaredo, Gijón  Nos detenemos en Majaelrayo para explorarlo y hacer fotos. La
hora no es buena para la cámara, pues el sol está alto y la luz no es
la adecuada. Así y todo, esquivando el sol, se puede hacer alguna
que otra foto. Con algo de edición posterior quedarán presentables.
Continuamos hacia el pueblo de Campillo de Ranas. Muy parecido
y a pocos kilómetros del anterior. Allí entramos a refrescarnos en
uno de los encantadores bares de la zona. La gente es acogedora.
Se nota que, aunque habitados todo el año, son lugares preparados
para el turismo rural. Todas las casas restauradas siguen la tradición
en su reconstrucción, con lo que forman un conjunto homogéneo.
Tonos negros, grises, y sobre todo, ocres. Cambiando de carretera la ruta continúa con el precioso pueblo de Valverde de los Arroyos, y los más pequeños, que son El Espinar, Campillejo, Robleluengo y Roblelacasa. Todos ellos forman parte de la España rural. Olvidada. Sitios apartados, con carreteras donde ni se cruzan dos autobuses, pero bellos y auténticos. Para volver.

Pueblos Negros. Foto Figaredo, Gijón

De fotos por… Brihuega

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Brihuega, localidad de unos 2400 habitantes, está recogida entre
unas lomas y la llanura alcarreña, donde se cultiva la lavanda. Es
lugar lleno de encanto y bullicio, con numerosos atractivos para su
reducido tamaño.

Vista general. Foto Figaredo, GijónAlrededores de Brihuega. Foto Figaredo, GijónEmpezamos visitando un parque a las afueras: los Jardines
Románticos de la Real Fábrica de Paños; con cuidados parterres,
senderos, bancos, fuentes y árboles de toda laya. La entrada está
junto a la antigua Fábrica de Paños, que están restaurando para
uso turístico. Al otro extremo, una barandilla delimita el final de los
jardines, desde la que se divisa, abajo, toda Brihuega y las
montañas que la circundan. Tenemos tiempo libre para pasear y
hacer fotos. El sol brilla y la brisa acaricia el rostro. Una mañana
preciosa de primavera.

Jardines Románticos Real Fábrica de Paños. Foto Figaredo, GijónJardines Románticos de la Real Fábrica de Paños. Foto Figaredo, GijónPanorámica parcial de Brihuega. Foto Figaredo, GijónVista desde los Jardines Románticos. Foto Figaredo, Gijón

Bajando desde el parque, entramos en el pueblo por una de las
puertas de su magnífica muralla. Las calles, de traza medieval,
rebosan vida. Sus habitantes son simpáticos y accesibles; se
desviven por darte indicaciones. Buena gente.

Puerta muralla de Brihuega. Foto Figaredo, GijónInterior puerta muralla medieval. Foto Figaredo, Gijón
Nos encaminamos a la iglesia de Santa María de la Peña, donde
un señor nos explica sus particularidades. En un extremo, tras
franquear una puerta, desciende una larga escalera exterior, con
tramos de piedra y metal. Termina en una cueva donde se ve una
estatuilla de la Virgen de la Cueva que, según cuentan, allí se
apareció. Cuelga la hiedra en las paredes rocosas y hay varios
apartaderos con preciosas vistas de la llanura que abajo se divisa.

Iglesia de Santa María de la Peña. Foto Figaredo, Gijón Virgen de la Cueva. Foto Figaredo, GijónCuevas bajo la Iglesia de Santa María de la Peña. Foto Figaredo, Gijón Junto a la iglesia hay un castillo, el de la Piedra Bermeja, con un
detalle muy particular: su interior alberga el cementerio. Todo el
patio de armas está alfombrado de tumbas y cruces. La gente
pasea entre ellas. Desde las torres se divisa una gran panorámica
de los alrededores.

Castillo de la Piedra Bermeja, vista parcial. Foto Figaredo, GijónCementerio dentro del Castillo. Foto Figaredo, Gijón

A continuación, nos dirigimos a las cuevas árabes. Tienen arcos
visigodos y tinajas donde guardaban aceite. No entramos a fondo
por una reciente inundación que había dejado el suelo embarrado.
Paseando por el pueblo vemos una zona de mercado, con puestos
donde venden productos locales en animado regateo. Las calles
están adoquinadas y flanqueadas con hileras de viejas farolas. A lo
lejos divisamos la parte interior de una de las puertas de la muralla.
Señala el final de la zona intramuros del pueblo. Encima de la
puerta hay una hornacina con una imagen religiosa; típica
costumbre del pasado para desear suerte al viajero que salía de la
zona protegida.

Hornacina con Virgen antes de salir de Brihuega. Foto Figaredo, Gijón

Una vez flanqueada la vieja muralla, llegamos a una zona
arbolada con varios bares. Nos sentamos en la terraza de uno de ellos para reponer fuerzas. Todavía disponemos de un buen rato, para las últimas fotos, hasta que llegue el autocar que nos llevará a nuestro próximo destino.

De fotos por… Sigüenza

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Llegamos a Sigüenza un día lluvioso. Populosa localidad con unos
4000 habitantes, situada a 83 km. de Guadalajara, y a 1000 metros
de altitud. Ciudad señorial, como lo atestigua su imponente castillo
del siglo XII, antaño residencia de obispos y señores de la zona.
Tiene torreones defensivos, patio de armas y puente levadizo. Hoy
es Parador de Turismo, aunque puede visitarse de forma parcial.

Castillo de Sigüenza, vista parcial. Foto Figaredo, Gijón Entrada al Castillo de Sigüenza. Foto Figaredo, Gijón Patio de armas del Castillo de Sigüenza, hoy Parador de Turismo. Foto Figaredo, Gijón.
Bajando, desde el castillo, entramos en la Calle Mayor, donde se
alza la Iglesia de Santiago, del siglo XII y estilo románico tardío. Su
curiosa portada está algo deslucida por el tiempo, aunque es más
auténtico ese cierto deterioro que una mala restauración.

Iglesia de Santiago. Foto Figaredo, Gijón
Siguiendo por la Calle Mayor, en una recoleta plaza, está la casa
del Doncel de Sigüenza; paradigma de la ciudad. Un doncel era el
tratamiento que, en aquella época, recibía un joven de entre 12 y
15 años, perteneciente a familias de hidalgos o caballeros. Martín
Vázquez de Arce, que así se llamaba el muchacho, murió en batalla
a la edad de 25 años; es decir, cuando ya no era un doncel. Corría
el año de 1486. Sus padres, de buena posición, encargaron una
magnífica escultura de alabastro para su capilla de la catedral. Se
trata la figura de un guerrero recostado, de gran realismo, leyendo
un libro. Calificada, por el filósofo Ortega y Gasset, como “la más
bella escultura fúnebre de España”.

Casa natal del Doncel de Sigüenza. Foto Figaredo, Gijón
Seguimos paseando por Sigüenza fijándonos en los detalles de
una ciudad amurallada, como las puertas de salida, en cuyo interior
se observa una hornacina con la imagen de la Virgen, a quien se
encomendaba el caminante cuando salía de la ciudad.

Hornacina, con Virgen, en puerta de muralla. Foto Figaredo, Gijón.
Finalizamos nuestro periplo en la catedral, del siglo XII, dedicada
a Santa María la Mayor, patrona de la ciudad. Es un enorme edificio
mezcla de gótico y románico. Delante de la puerta principal hay un
patio enrejado donde, en tiempos pasados, los visitantes y vecinos
debían guardar el debido recato en sus actitudes; puesto que ese
suelo se consideraba igual de sagrado que el del interior. Destaca,
además de la escultura del Doncel, la sacristía mayor o de Las
Cabezas (más de 300), que deja boquiabierto al visitante. Durante
la Guerra Civil la catedral fue un importante baluarte defensivo del
bando republicano, cuya guarnición, tras fusilar al obispo, se
atrincheró en los tejados del edificio hasta que fueron aniquilados
por tropas del bando nacional. También sufrió ataques aéreos de la
aviación alemana y republicana. A resultas de todo ello, aún hoy día
pueden observarse numerosos impactos de munición de diverso
calibre.

Catedral de Sigüenza, vista parcial. Foto Figaredo, Gijón Catedral de Sigüenza, entrada. Foto Figaredo, GijónAunque el día que pasamos en Sigüenza fue lluvioso y ventoso,
no fue obstáculo para hacer fotos de todo lo que se puso a tiro; habida cuenta de que estaba repleta de visitantes –al ser Semana Santa- y no es fácil eludir el gentío en el encuadre. Luego, en la edición posterior, las he pasado a blanco y negro para poder jugar con el contraste y realzar los tonos grises de la piedra. En algunas tomas, la combinación de diversos parámetros da lugar a imágenes con un cierto efecto dramático. Es la ventaja de los días grises. Y es que cualquier día puede ser bueno para hacer fotos.

Un marco de fotos por San Valentín

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El origen de la festividad de San Valentín se remonta a la antigua
Roma cuando, en el siglo III, un sacerdote cristiano desafió al
emperador Claudio II, quien prohibió la celebración de matrimonios
entre los jóvenes al considerar que los solteros, al carecer de
ataduras, eran mejores soldados. El sacerdote, Valentín, juzgó
injusto ese decreto y celebraba los matrimonios de los jóvenes
enamorados en secreto. Dicho religioso fue capturado, torturado y
ejecutado un 14 de Febrero.
Hoy día todo el mundo sabe que la festividad es una ocasión para
regalar algún objeto a la persona querida. El enamoramiento puede
llegar a cualquier edad aunque, por lógica, tiene más prevalencia
entre la juventud. Conscientes de ello hemos preparado una
selección de marcos de fotos propicios para ser regalados en este día.
Pueden ser para dos fotos, tener corazones, pinzas… todos
elementos que, según las estadísticas, son tendencia entre la gente
más joven; lo que no quita que también gusten a personas de muy
diferentes edades. Ser joven también es cuestión mental.
Para animar la venta, todos los marcos encuadrados en dicha
selección disfrutarán de un descuento especial del 14% sobre el
precio marcado. Esta oferta estará vigente del 1 al 14 de Febrero o
hasta fin de existencias. Tened en cuenta que, de muchos, solo hay
una unidad, con lo cual quien primero llegue tendrá más opciones
para escoger. Aquí va la selección de los marcos en stock:

marco con corazones. Foto Figaredo, Gijónmarco, con corazón, para foto 9x13. Foto Figaredo, Gijónmarco, con corazón, para foto 10x15. Foto Figaredo, Gijónmarco, para foto de enamorados, en 10x15. Foto Figaredo, Gijónemarco, con dos corazones, para foto 10x15. Foto Figaredo, Gijónmarco, con forma de casa y corazón, para foto 10x15. Foto Figaredo, Gijónmarco con forma de casa y corazón, para dos fotos 10x15. Foto Figaredo, Gijónmarco madera para dos fotos 10x15. Foto Figaredo, Gijónmarco madera blanca para dos foto 10x15, con bisagra. Foto Figaredo, Gijónmarco para foto delantera y trasera. Foto Figaredo, Gijónmarco chapado, con bisagras, para dos fotos 10x15. Foto Figaredo, Gijónmarco con bisagra para dos fotos 10x15. Foto Figaredo, Gijónmarco con rejilla y pinzas. Foto Figaredo, Gijónmarco con pinzas para varias fotos. Foto Figaredo, Gijónmarco con pinzas y corazón. Foto Figaredo, Gijón

marco, con pinza, para foto 10x15. Foto Figardo, Gijon.soporte de madera, con pinzas para fotos pequeñas. Foto Figaredo, Gijonmarco, para 4 fotos, con cactus. Foto Figaredo, Gijónmarco para foto redonda. Foto Figaredo, Gijón