De fotos por… Atienza (2ª parte)

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Centrándonos en su castillo podemos apreciar las murallas, que
conservan solo una mínima parte de su altura original, y la torre del homenaje en la esquina sur. Es de planta cuadrada, con puerta en
la planta baja, salas interiores y una escalera en el muro que
asciende a las zonas superiores y a la terraza. Como elemento
defensivo destaca el garitón volado que sobresale en la esquina
meridional de la torre. Aunque el recinto da la impresión de haber
sido vaciado, el conjunto no ha perdido un ápice de su impacto
monumental. El material predominante en su construcción es la
piedra y la técnica empleada el sillarejo unido con argamasa.

Castillo de Atienza. Foto Figaredo, Gijón.
Atienza posee un patrimonio arquitectónico impresionante:
además del castillo está la muralla, la Iglesia de la Trinidad (S. XII),
la Iglesia de San Gil (S. XII) con su Museo de Arte Religioso, la de
San Bartolomé (S. XIII) con su Museo Paleontológico, la de Santa
María del Rey (S. XII), la Iglesia de San Juan del Mercado (S. XVI),
o la Plaza del Trigo, que es una de las más hermosas de Castilla,
tan cerca del popular Arco Arrebatacapas. Mencionar también la
Posada del Cordón, antiguo caserón del siglo XV, que alberga el
Centro de la Cultura Tradicional de la Provincia de Guadalajara, con
más de 600 piezas de gran valor etnográfico.

Mapa-callejero de Atienza. Turismo Atienza.
Hicimos visita guiada en la Iglesia de la Trinidad, con recuerdos
de la Cofradía de la Caballada y un magnífico museo de arte sacro.
Entre sus piezas destaca el Cristo del Perdón de Salvador Carmona.
El guía, cura párroco de 86 años, nos comentó -para que nos
hiciéramos una idea de su valor- que cuando fue cedido para la
Exposición de Las Edades del Hombre la aseguradora cobró un
millón de euros en concepto de prima para póliza de transporte. Es
de un realismo espectacular. También nos mostró el Cristo de los
Cuatro Clavos, pieza románica así llamada porque no tiene los pies
cruzados, una enorme pila bautismal románica, un curioso retablo
con un sagrario circular y una capilla lateral con profusión de
adornos en pan de oro. Estas dos últimas fueron regalos de reyes.
Este octogenario párroco, infatigable, nos contó un buen número de
anécdotas relativas a su iglesia preferida. A pesar de su avanzada
edad todavía oficia misa en las iglesias del lugar; de hecho, antes
de despedirse nos dijo “mi pueblo me espera”.

Retablo Iglesia de La Trinidad. Foto Figaredo, Gijón
Resumiendo, estamos ante un armónico conjunto urbano en el
que plazas y calles, con muchas casas blasonadas, se articulan y
entrelazan con serena belleza, constituyendo uno de los más
hermosos y evocadores complejos arquitectónicos que pueden
contemplarse aún en Castilla. Es el mudo pero elocuente recuerdo
de un pasado que permanece inmóvil en Atienza. Para volver.

Cristo de los Cuatro Clavos. Foto Figaredo, Gijón.Catafalco en Museo de la Trinidad. Foto Figaredo, GijónCantoral sobre facistol. Foto Figaredo, Gijón.

De fotos por… Atienza (1ª parte)

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La villa de Atienza tiene orígenes remotos y una historia convulsa.
Situada en la ladera de un cerro, habitada por los celtíberos,
resistió a los romanos y solo cayó en su poder cuando lo hizo
Numancia. Una vez tomada Atienza, los romanos construyeron una
atalaya en la que siglos más tarde los árabes harían uno de sus
más significativos baluartes frente a las acometidas de los reinos
cristianos del norte. Su imponente castillo está situado en lo más
alto del cerro. Fue fortificado por los árabes y hasta los siglos XI y
XII, cuando fue conquistado por Alfonso VI, no adquirió su aspecto
definitivo. Forma parte de la propia roca y es tan inexpugnable que
el propio Cid Campeador, camino del destierro, no se atrevió a
conquistarlo por considerarlo “una peña muy fuerte”.

Castillo de Atienza. Foto Figaredo, Gijón
De alto valor estratégico, Atienza se convirtió en punto esencial
para la defensa de la frontera, primero frente a los musulmanes y
después frente a la corona de Aragón. Además, su situación en un
lugar de fácil comunicación entre las dos mesetas y entre Castilla y
Aragón, propició una de las actividades más extendidas entre sus
habitantes: el transporte y la arriería. Precisamente sus arrieros
protagonizaron un valeroso episodio cuando el rey Alfonso VIII, con
tan solo cuatro años de edad, fue ayudado a escapar del asedio al
que le habían sometido las tropas de su tío y regente Fernando II
de León. Idearon un astuto plan que consistió en disfrazarlo como
uno de ellos y salir entre los caballos. Desde entonces se celebra “la
caballada”, fiesta de Interés Turístico Nacional, que recrea el suceso
con auténticos caballos montados por gente del pueblo y hasta por
el cura párroco de la Iglesia de la Trinidad (siglo XII), que nos contó
como se cayó varias veces por la bravura de los caballos.

balcón de casa noble. Foto Figaredo, Gijón casa noble con escudo. Foto Figaredo, Gijón
Lógicamente la villa fue la preferida de Alfonso VIII, que la colmó
de privilegios y regalos, progresando espectacularmente. En la Baja
Edad Media llegó a contar con 14 iglesias y numerosos edificios
nobles al ponerse de moda, imitando al rey, pasar temporadas en la
villa. Fue una época de esplendor que se vio truncada a mediados
del siglo XIV por las guerras de los Infantes de Aragón, cuando se
tomó la fortaleza, provocando la huida de sus habitantes y la
destrucción de la villa por las tropas de Juan II de Castilla y Álvaro
de Luna. Posteriormente, Enrique IV eximió de impuestos a los
atencinos, tratando de repoblar la villa. Con la llegada de los Reyes
Católicos perdió su valor estratégico, quedando reducida a núcleo
semiurbano y cabecera comercial, artesanal y administrativa de la
comarca.

Arco arrebatacapas. Foto Figaredo, GijónSoportal de la Plaza del Trigo. Foto Figaredo, Gijón

(Continuará la próxima semana)

Fotos del espacio

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La toma de fotos al firmamento es algo que todo aficionado ha
pensado hacer en alguna ocasión. La astrofotografía es un mundo.
Requiere equipo: telescopio, cámara réflex, trípodes, accesorios…
Seguramente se saldrá del presupuesto que habíais calculado.
Hablamos de fotos a cuerpos celestes concretos. Aún disponiendo
de un buen equipo, las fotos resultantes seguramente serán un
tanto decepcionantes; algo así como un punto blanco sobre negro.
Habría que buscar lugares a gran altura, muy alejados de ciudades.
Así y todo nada es comparable a las fotos del telescopio Hubble. La
razón es sencilla: además del diámetro y calidad de sus lentes está
la ausencia de atmósfera. Solo así se consiguen imágenes de alto
contraste, con unos contornos y colores muy definidos.


Para el aficionado de a pie hay objetivos más realistas. Es fácil
hacer una foto a la bóveda celeste en una noche veraniega. Se
necesita una cámara réflex con objetivo normal, un trípode sencillo
y un disparador a distancia (de cable o bluetooth). Debemos poner
la cámara en “manual”. Velocidad de obturación en posición B y
abertura de diafragma amplia si queremos ver las estrellas fijas, o
reducida si deseamos verlas dejando un rastro blanco. El valor ISO
puede variar, aunque os aconsejo un máximo de 1600 para evitar el
efecto “ruido” (el grano de toda la vida en las cámaras analógicas).
Apretar el disparador remoto y hacer varias tomas a diferentes
tiempos (según hayáis puesto la abertura de diafragma). Pueden ir
desde pocos segundos a varios minutos (en este último caso la
abertura debe ser muy cerrada y el ISO bajo). El resultado final
puede sorprenderos gratamente. En una ocasión vi una foto donde
lo único fijo era la estrella polar; a su alrededor se veían los rastros
de miles de estrellas trazando círculos. Ni que decir tiene que la
noche debe ser magnífica: sin nubes que oculten las estrellas y sin
viento que mueva el trípode.


Personalmente me encanta observar el firmamento. A simple
vista o, mejor aún, con un prismático de 7×50. Es un espectáculo
que nunca cansa. Me hace pensar en lo poco que significamos en
comparación con el vasto universo. También en la posible existencia
de vida inteligente en cualquiera de esos millones de puntitos
blancos que tililan en la oscuridad. Al lado de todo esto nuestros
pequeños problemas se quedan en nada.

(Fotos tomadas por el telescopio Hubble)

El alma de Asturias

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Según las crónicas de la época, Pelayo (siglo Vlll), hijo del duque
Favila, fue el primer rey de la dinastía astur. Dicen que su origen
era mezcla de godo y romano. Cuenta la tradición que, en una
ocasión, iba persiguiendo a un ladrón que se refugió en una cueva.
Allí vivía un ermitaño que rogó indulgencia para el fugitivo, dado
que sostenía que aquel lugar era sagrado, al ser devoto de la
Virgen María; además le pronosticó que un día él también iba a
necesitar la protección de la Virgen. Mas adelante Pelayo consiguió
sublevar a los astures contra la ocupación musulmana. En
Covadonga, lugar donde se ubica la cueva, tuvo lugar una batalla
decisiva contra estos. Las tropas de Pelayo se refugiaron en la
cueva y desde allí lograron repeler el ataque de los moros. Este
episodio fue el inicio del fin de la ocupación árabe; por esto se dice
que Asturias es España y lo demás tierra conquistada. En
agradecimiento a la supuesta intervención divina, que supuso la
victoria de los cristianos, Pelayo ordenó la colocación de una
imagen de la Virgen y la construcción de una capilla. Así nació la
Santa Cueva, como santuario, y el Real Sitio de Covadonga.
Tanto la Basílica de Covadonga como la Santa Cueva y su
“Santina” son los lugares más visitados de Asturias. Bajo esta
última hay un lago donde se sigue la tradición de tirar una moneda
y pedir un deseo.


Más arriba, a más de mil metros de altitud, tras recorrer doce
kilómetros de carretera estrecha y sinuosa, encontramos los
famosos lagos de Covadonga: el Enol y el Ercina. Pertenecen al
Parque Nacional de Picos de Europa y suelen ser inicio de travesías
por las montañas circundantes. En el lago Enol está sumergida una
imagen de la Virgen de Covadonga que cada 8 de Septiembre es
sacada del agua para procesionar. Los lagos son objeto de varias
leyendas, de origen celta o cristiano, que hablan de una misteriosa
dama a la que casi nadie da cobijo en una noche de tormenta. Solo
una humilde pastora lo hace y es la única casa que se salva de la
repentina inundación que sepulta las otras. Retumba, al tiempo,
una voz sobrenatural que clama: “Nadie pisará la tierra donde mi
Madre lloró, maldita sea por siempre la tierra de maldición”. Para
los celtas era su diosa Deva y para los cristianos, naturalmente, su
“Santina” de Covadonga.

Lagos de Covadonga. Foto de Rebeca Benito
De estos lugares habla apasionadamente la obra del polifacético
Roberto Frassinelli, el alemán de Corao, como se le conoció en la
zona. Este hombre, que vino huyendo de la persecución política en
su país, fue escritor, estudioso de minerales, montañero… además
de colaborar como dibujante en la construcción de la Basílica de Covadonga. De hecho, aunque no era arquitecto, dirigió las obras
de la cripta. Era muy andariego y desinhibido. Muchos vecinos le
conocían y apreciaban.

Lago de Covadonga. Foto de Rebeca Benito
Esta claro que esta comarca tiene algo mágico que invita a volver.
Las fotos que ilustran este artículo, cedidas amablemente por la
aficionada Rebeca Benito, reflejan la luz típica del invierno astur;
huyendo de la clásica foto en un día soleado. Retratan la paz y
armonía de estos lugares tan nuestros. Reflejan la abundancia de
agua y el carácter asturiano; tan dado al “grandonismo”, la ironía y
la hospitalidad. El alma de Asturias.

Fotos en marcos

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La historia del marco viene de lejos. Ya en el antiguo Egipto o la
Grecia clásica se utilizaba en su forma más sencilla: un borde
pintado alrededor de una pintura, utilizado para realzarla y delimitar
su superficie. En aquellos tiempos las obras pictóricas se plasmaban
directamente en paredes y techos, a modo de fresco. La técnica del
enmarcado, como la conocemos hoy, comenzó en el siglo XIII con
el auge de las pinturas sobre tablas de madera. A partir de ahí se
fueron desarrollando diferentes estilos y modas; desde los más
recargados hasta los más sencillos, pasando por tres siglos de
dominio del dorado.
Hoy tenemos un mundo de colores, texturas y materiales
diversos. Los más populares son el metal, la madera, el plástico o
el metacrilato. Para acertar con un marco hay que analizar dos
variables: qué vamos a poner dentro y dónde vamos a colocarlo.
Tanto en una pintura como en una fotografía debemos escoger un
material que le vaya bien, que case con sus colores o temática. Por
ejemplo, la abuela que viene con la foto de sus nietos se decantará
por un marco de madera blanca o bien por el brillo del chapado en
plata. Sin embargo un cliente que busque marco para una foto de
sus antepasados preferirá un diseño sobrio en madera oscura o de
tono medio. En cuanto a los lugares, no es lo mismo la mesa de un
moderno despacho que el viejo sinfonier del abuelo. El metacrilato
iría bien en el primer caso y la madera ideal para el segundo.
Una foto enmarcada constituye un regalo ideal para festividades
como el Día del Padre o de la Madre, al tratarse de eventos con una
fuerte carga emocional. Cualquier foto, por modesta que sea, gana
enormemente si viene arropada por un buen marco. Si, además, el
protagonista es un ser querido… miel sobre hojuelas. Acierto pleno.
En resumen, buscar una foto adecuada y ponerle un marco bonito
es una cuestión de buen gusto y sentido común. Si se os hace un
mundo, o si teméis al fracaso, dejaros aconsejar por el profesional.
En nuestro caso ofrecemos asesoramiento, colocación y envoltura
para regalo. Todo incluido. No es solo vender, sino convencer.

foto en marco con passe-partout. Foto Figaredo, Gijón

De fotos por… Medina del Campo (2 de 2)

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Muros del Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijón

Continuamos visitando el Castillo de la Mota…

parte subterránea del Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijón

 

Capítulo aparte merece la zona subterránea del castillo. Las fotos
en blanco y negro definen mejor las sensaciones vividas. Bajamos
unas viejas escaleras de piedra y nos adentramos en un dédalo de
fascinantes pasadizos y galerías. Cada poco se abre un espacio que,
con alguna tronera, daba al exterior. Ahí se disponían los cañones
que defendían el castillo. El humo resultante de los disparos, que
era asfixiante, se disipaba mediante un sistema de chimeneas que
ventilaban los cubículos. También vimos las mazmorras. En alguna,
la entrada era un simple agujero en el suelo desde donde tiraban a
los infortunados prisioneros sin ningún miramiento. Estremece
recorrer esos pasadizos entre cuyas paredes parecen resonar los
ecos de batallas, lamentos y sufrimiento. La vida era dura…y corta.

bajada a los sótanos del Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijónpasadizo en el Castillo de la Mota. Foto Figaredo, GijónMazmorra en Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijón tronera en Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijón
En cuanto al resto de la población hay que destacar el Palacio
Real Testamentario de Isabel la Católica, lugar donde falleció, que
hoy es un museo dedicado a su figura. Luego está el Palacio de
Dueñas, que constituye un buen ejemplo de edificio renacentista, el
Museo de las Ferias, que narra la historia de las ferias  de                                 mercancías que transcurrían durante los siglos XV y XVI, haciendo
conocida la villa a nivel europeo. Aunque el eje de la vida diaria
transcurre en la ya mencionada Plaza Mayor de la Hispanidad, de
las mas grandes de España y Europa, lugar de compras, encuentro
y solaz de sus habitantes y visitantes; sin olvidarnos de la visita a
alguna bodega de vino de Rueda, típico de la zona.

Palacio Real Testamentario. Foto Figaredo, GijónColegiata. Foto Figaredo, GijónPortada de la Concepción, de 1507. Foto Figaredo, Gijón
La gran estación de ferrocarril aporta movilidad a los viajeros que
no llevamos coche. Importante nudo ferroviario que une Medina del
Campo con Madrid al sur, Gijón al norte, o Hendaya al noreste,
además de Zamora o Salamanca y Portugal al este, hace las delicias
de los amantes del tren. Estación monumental abierta en 1860 y
remodelada en 1902, cuenta con una gran marquesina de hierro al
estilo francés, de más de 100 metros, con columnas y capiteles.

Estación de Medina del Campo. Vista parcial. Foto Figaredo, Gijón
Dispone de cuatro andenes y todos los servicios habituales, incluida
una cafetería con terraza en el andén principal. Desde allí visitamos
Arévalo y Salamanca; lugares de los que hablaremos en futuras
entregas.

De fotos por… Medina del Campo (1 de 2)

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Llegamos a Medina del Campo en un cálido mes de Octubre hace
unos años. Localidad de unos veinte mil habitantes, muy bien
comunicada por tren; ahora, incluso, con apeadero para el AVE. Lo
primero que nos llamó la atención fue la dicotomía entre animación
y tranquilidad que tiene este pueblo según la zona donde camines.
Destaca su gran Plaza Mayor, con soportales repletos de bares y
comercios.

Plaza Mayor. Foto Figaredo, Gijón
Medina del Campo está cargada de historia. Los Reyes Católicos le
otorgaron la consideración de Feria General del Reino en 1491. Ya
la abuela de Fernando el Católico, Leonor de Alburquerque, fue
señora de Medina. Todo esto unido a su situación geográfica, como
lugar habitual de paso hacia Madrid, hizo que fuera protagonista
tanto de guerras e intrigas palaciegas como de pujante centro
económico y comercial a nivel europeo.

Castillo de la Mota. Foto Figaredo, GijónVista parcial del Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijón lateral del Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijón
Testigo mudo de lo anterior es el imponente Castillo de la Mota.
Fue construido en el siglo XV, por arquitectos mudéjares, con los
últimos avances de la época como el foso, la Torre del Homenaje
con cinco pisos y 40 metros de altura, y una gran barrera exterior
(barbacana), donde se situaron piezas de artillería a nivel del suelo
para repeler más eficazmente los asedios. El material elegido fue el
ladrillo, típico de los árabes, pues absorbe mejor los impactos de
los cañonazos enemigos. Pueden verse, todavía hoy, las numerosas
huellas que dejaron los proyectiles en su fachada.

fachada del Castillol de la Mota con huellas de cañonazos. Foto Figaredo, Gijón Fachada de la Torre del Homenaje en Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijón
El recinto interior lo conforman cuatro torres y un patio cuadrado.
Allí están las habitaciones, cuadras, y demás dependencias. Aquí
pasó Isabel la Católica sus últimos días.

foso del Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijón entrada al Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijón
Entramos al castillo por un gran puente (antaño levadizo) que
salva el foso que lo circunda. Vemos el patio con un cañón de la
época que tiene una inscripción: “Quien a mi rey no obedeciera de
mí se guardara”. Tal cual.

cañón en Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijón Quien a mi rey no obedeciera de mí se guardara. Foto Figaredo, Gijón
Damos un paseo por el patio y las almenas. El castillo, del que
partía una muralla, está situado en una pequeña colina. El recinto
que contenía dicha muralla, hoy prácticamente desaparecida, era la
antigua Medina. Posteriormente, a raíz de una repoblación, se abre
hacia el llano.

Torre del Homenaje en Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijón almena del Castillo de la Mota. Foto Figaredo, Gijón

(Continuará la próxima semana)

Regalos personalizados con fotos

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La fotografía ha cambiado mucho en pocos años. Hasta no hace
tanto la única opción era revelar las fotos; ya fuera del clásico
carrete, de una cámara digital o de un smartphone. Sigue siendo la
opción mayoritaria entre la gente que imprime sus fotos para
garantizar su conservación, para convertirlas en recuerdos.
Hoy en día, además del papel fotográfico, se puede imprimir en
muchos soportes: textil, metal, cristal, cartón, metacrilato… Esto
abre las opciones a multitud de objetos de uso cotidiano, como
pueden ser llaveros, carteras, mochilas, tazas, peluches, puzzles,
posavasos, juegos de mesa, cojines, camisetas, toallas, relojes, etc.
También las imágenes se utilizan para decorar a base de lienzos,
vinilos, placas de metacrilato y aluminio, o bloques de cristal.
Los sistemas de impresión sobre objetos son variados: transfer,
offset, sublimación… En el caso de las camisetas, por ejemplo, es
más adecuada la sublimación; ya que la imagen, al convertirse en
gas, forma parte íntima del tejido y no se nota al tacto. En el caso
del transfer directo el resultado final no deja de ser como una
pegatina rígida sobre la tela.
Las imágenes adecuadas para ser utilizadas en estos procesos
deben tener la calidad suficiente, sobre todo para grandes artículos.
No es lo mismo personalizar una toalla que un llavero. Para este
último sirve hasta una del facebook, mientras que para una toalla,
un cojín o una camiseta se necesita una imagen más pesada, que
proceda de una cámara con varios megapíxeles. Esto es lo ideal, ya
que la gente suele traer fotos de muy baja calidad y la imagen sale
pixelada. Normalmente, al hacer estos encargos en una tienda de
fotografía se avisa al cliente de estos extremos para no generar
falsas expectativas.
Acordaos de los artículos personalizados con foto para cuando
busquéis qué regalar. Son regalos emocionales, personales, que
dicen mucho y no cuestan tanto. Acudid a vuestra tienda de fotos
donde os asesoraremos convenientemente.

regalos personalizados con fotos.

Cómo hacer mejores fotos a los niños

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La preparación a la hora de hacer una buena foto es fundamental.
La reflexión debe ser previa al disparo, no posterior. En la foto que
nos ocupa podemos apreciar varios aspectos que se han tenido en
cuenta a priori. Primero, el encuadre. Central. Que no quepa la
menor duda de cual es el motivo principal. Lo siguiente es cuidar lo
que va a entrar en ese encuadre: piedra, madera y niña. Nada más.
Ningún objeto moderno que rompa ese entorno rural. Es la armonía
y complementariedad entre los elementos. Por esto la niña va con
traje regional; aunque sea de paisanín. También hay que prestar
atención al color. Los colores que predominan en la foto no chocan
unos contra otros. Son naturales. Los que uno se espera encontrar
en el campo. El rojo del traje le da un poco de alegría al conjunto,
para romper la monotonía de los ocres y el negro.
Otro aspecto a considerar es a luz. Viene de la derecha, según se
mira, iluminando la mitad de la cara; girada hacia ese lado para
provocar ese efecto artístico. La otra parte queda ligeramente en
sombra, para acentuar el contraste y los rasgos faciales.
Todo esto no fue fruto de la casualidad, sino de la preparación de
la foto en función de las condiciones ambientales. En ocasiones es
mejor guardar la cámara y dejarlo para otra vez. Por ejemplo, si el
sol está en su cenit nunca pueden salir buenas fotos. La proyección
de la luz, en tal caso, provoca sombras en los ojos; que se aprecian
como cuencas negras. El exceso de luz mata los matices. Es mejor
esperar a media mañana o media tarde en días no excesivamente
soleados.
Por último, y no menos importante, está la predisposición de la
modelo. Los niños, aunque sean muy fotogénicos, son muy volubles
en su estado de ánimo. Para sacarles todo el partido en las fotos
deben estar motivados. Vivir la sesión como un juego. Obtener
alguna compensación. En definitiva, pasarlo bien tanto ellos como
el fotógrafo. Sólo así se conseguirá un ambiente de complicidad que
produzca situaciones y poses naturales. Parar en cuanto lo pidan y
proseguir cuando estén receptivos. No les machaquéis con sesiones
de fotos interminables o acabarán huyendo en cuanto vean una
cámara.
Espero que estos consejos prácticos os hayan servido de alguna
inspiración para mejorar las fotos que hacéis, sobre todo a niños.

niña sobre troncos. Foto Figaredo, Gijón.

De fotos por… Ávila

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Murallas de Ávila al atardecer. Foto Figaredo, Gijón

Viajamos a Ávila en un Octubre no muy lejano. Llegamos en tren, a
eso del mediodía. Ya desde la estación se divisa la muralla que la
envuelve. Nos hospedamos en un hostal de la Plaza Mayor. Allí
desayunamos los días que permanecimos en la ciudad. Ambiente
castellano, noble y recio.

Ayuntamiento de Ávila. Foto Figaredo, GijónEn Ávila se respira muy bien. No en vano es la capital de
provincia más alta de España, con sus 1.132 metros sobre el nivel
del mar. Esto hace que las noches otoñales sean muy frescas. Por el
invierno es común ver copiosas nevadas en su centro urbano.
Aparte del aire puro el ambiente de la ciudad, un tanto silencioso,
invita a la paz y la contemplación. Junto a las murallas, en su parte
exterior, hay grandes extensiones de terreno para pasear; ya sea el
clásico paseo jalonado de bancos como la verde hierba de la que
sobresalen piedras milenarias. Allí, sentados en alguna de ellas,
acostumbrábamos a contemplar el paisaje que rodea a la ciudad o
la puesta de sol.

Murallas de Ávila. Foto Figaredo, Gijón
La muralla de Ávila, de época medieval y declarada Monumento
Nacional en 1884, tiene un perímetro de unos dos kilómetros y
medio. Se puede visitar, por arriba, en buena parte de su recorrido.
Cuenta con 87 torreones y 9 puertas. Sus muros tienen hasta 3
metros de espesor y 12 de altura. Se le considera el recinto
amurallado mejor conservado del mundo.

Torres de las murallas de Ávila. Foto Figaredo, Gijón

Paseo sobre las murallas de Ávila. Foto Figaredo, GijónTorreón de la muralla. Foto Figaredo, Gijónvista desde lo alto de la muralla. Foto Figaredo, Gijón
Pero Ávila no es solo la muralla. Tiene otros muchos monumentos
como la catedral, el ayuntamiento y su plaza del mercado chico, el
convento-museo de Santa Teresa, la basílica de San Vicente, la
casa de los Deanes, más conventos, monasterios, iglesias, ermitas,
palacios… ¡Un no parar!

Catedral de Ávila. Foto Figaredo, GijónIglesia-Convento de SantaTeresa de Jesús. Foto Figaredo, GijónPalacio en Ávila. Foto Figaredo, GijónPaseo bajo la muralla. Foto Figaredo, GijónRincón de Ávila. Foto Figaredo, Gijón
De todas formas me quedo con los rincones tranquilos, los paseos
por la muralla, el paisaje y ese cierto misticismo que desprende
esta bella ciudad.
Es fácil hacer fotos en Ávila. Su cielo azul, esa luz especial que da
la altura y la falta de contaminación facilitan la labor. Solo he usado
el filtro polarizador en la foto de la catedral. El resto ha consistido
en cuidar el encuadre para no coger coches o gente; algo sencillo
en un lugar relativamente pequeño y con poco turismo en esta
época del año.