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Mi padre, José Figaredo, empezó como fotógrafo de calle hacia la
década de los 50 del pasado siglo. Anteriormente había trabajado
en los fielatos. Compaginaba ese trabajo con un empleo en la
antigua Oficina de Turismo y Museo de la Gaita, en la Plaza del
Parchís. En una época en que casi nadie tenía una cámara de fotos
ofrecía sus servicios, junto a sus colegas Perlines y Vegafer, en el
parque Isabel La Católica o en la playa de San Lorenzo. En esta
última conoció a mi madre, quien le convenció para buscar un local
y fundar Foto Figaredo el 1 de Septiembre de 1970.
Recuerdo mi infancia, entrando en el cuarto oscuro, con la luz
roja y las fotos saliendo, mágicamente, de la cubeta del revelador.
Primero en casa y luego en el local. Veía a mis padres trabajando
duro, mano a mano, él revelando, ella secando. Madrugones.
Disgustos cuando algo no salía bien. Y yo ahí, aprendiendo a no
entrar en el laboratorio cuando no debía y llevando algún azote,
bien merecido, cuando pisaba las fotos de los clientes, ordenadas
en el suelo. Con los años mi madre destacó en el estudio, haciendo
cada vez más y mejores fotos. Tras su jubilación, en 1999, tomé el
relevo y, junto con mi mujer, afrontamos el desafío digital, con
nuevos equipos de impresión y la imprescindible formación en
nuevas tecnologías; manteniendo, eso siempre, la esencia de la
veterana tienda de fotografía de toda la vida, donde trabajaron,
también, mi hermana y hermano. Varias generaciones han pasado
por la tienda, ya sea para comprar álbumes o marcos de fotos,
revelar, o hacerse las necesarias fotos de carnet, en las que
mimamos a los más pequeños, haciendo nuestro el viejo reclamo
de mi padre en sus primeros tiempos: “el fotógrafo de sus niños”.
En cuanto al capítulo de anécdotas: mi madre hizo la foto de
pasaporte de Quini para el mundial de Argentina del año 1978.
Quini se presentó con un chándal que, hoy día, nadie se pondría.
También pasaron por la tienda otros famosos jugadores del
Sporting de aquella época, como Jimenez, el portero Ablanedo y el
defensa Herrero I. En la actualidad viene Carlos Carmona. Mi padre,
al que le encantaba el tango -y, de hecho, los cantaba a menudo-
un día reconoció a Carlos Acuña y se hizo una foto con él, por la
que tenía especial cariño. En cuanto a políticos destacados,
recuerdo a Francisco Alvarez-Cascos, Xuan Xosé Sanchez Vicente y
al difunto Vicente Álvarez Areces. Otros clientes famosos pueden
ser Ruperto Álvarez Romero; uno de los descubridores de la cueva
de Tito Bustillo y el periodista José Ramón Perez Ornia, creador de
la TPA y fallecido recientemente. 50 años acumulando experiencias.