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La ceremonia de la Primera Comunión ha pasado de ser una celebración eminentemente religiosa, a una especie de presentación en sociedad del niño/a con su uso de razón recién estrenado. Ocasión de celebración familiar por todo lo alto, quien se lo pueda permitir, sólo comparable a una boda. El banquete se lleva la parte del león, con las fotos relegadas a un segundo plano. Hoy día, en que cualquiera que tiene una cámara decente se siente fotógrafo, abundan los pseudo-reportajes con fallos estrepitosos en luz, composición y colocación de la criatura para la “sesión”. Seamos serios: ni la Primera Comunión es una fiesta laica, con total ausencia de simbología religiosa, ni puede sustituirse el trabajo de un fotógrafo para la correcta certificación gráfica de un día tan especial. Las fotos de Primera Comunión están al alcance de todo el mundo. Hay recordatorios, dípticos, puntos de lectura para libros… Habitualmente se escoge
una foto de la sesión de estudio que hagamos, y se solicita el número de
unidades necesario para no dejar a ningún familiar o amistad sin el recuerdo
de un día tan especial. Se personalizan con un texto al gusto del cliente.
Hagamos de la sencillez virtud y equilibremos el presupuesto. Dará para todo.

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