…Esta vez le despertó el ruido de unas barras metálicas que,
manejadas por los ferroviarios de la estación de turno, golpeaban
los ejes de las ruedas para comprobar su estado. El primer sol de la
mañana se filtraba por las cortinas y Manuel comprobó, un tanto
sorprendido, que sus compañeros de asiento ya eran otros. Salió al
pasillo y abrió la ventanilla para tomar el aire y despejarse. Uno de
los viajeros del departamento, maquinista en tránsito, le invitó a
tomar un café mientras le explicaba los pormenores del pedal de
hombre muerto, el arenero, y la capacidad del convoy; con cerca de
dos mil pasajeros a bordo. Manuel, aunque de carácter un tanto
introvertido, tenía cierto don de gentes. Escuchaba con atención
mucho más de lo que hablaba, preguntando cuando no entendía
algo. Con esa actitud no era de extrañar que hiciese amistades con
facilidad en cualquier lugar. Para mitigar el aburrimiento unos leían,
otros dormían o miraban, soñadores, por la ventanilla. La mayoría
hablaba… Manuel veía, oía y aprendía.

De pronto, el tren frenó bruscamente. Los que estaban de pie
tuvieron que sujetarse para no caer al suelo. Manuel se asomó a la
ventanilla, como tantos otros, para ver qué había sucedido. Estaban
cerca de Sitges y vieron al maquinista caminar por el balasto hacia
la cola del tren. Tardó un buen rato en recorrer los veinte vagones,
mirar algo, y regresar. Al pasar a su altura alguien le preguntó por
lo ocurrido y dijo, apesadumbrado, que había matado a un
hombre… Por lo visto un infeliz se había tirado al tren. Guardaron
silencio un buen rato reflexionando acerca de los motivos del
suicida.
A esas alturas el viaje se iba haciendo largo. Lógico pensando en
el gigantesco recorrido que hacían los dos trenes que salían de La
Coruña y Vigo a primera hora de la tarde, se juntaban en Monforte
de Lemos, e iban parando en Ponferrada, Astorga, León, Palencia,
Venta de Baños, Burgos, Miranda de Ebro, Logroño, Zaragoza,
Lérida, Tarragona… por citar las más importantes. Toda España en
sentido transversal.
Por fin, a eso de las 14:30, tras veintitrés horas y media desde Gijón,
el “Shanghái” llegaba a la estación de Francia (Barcelona término).
Acabada en curva. Última del recorrido. Nuestro protagonista se
bajó del tren con sensación de inestabilidad. Demasiadas horas en
movimiento. No obstante estaba satisfecho. En aquellos años, para
un estudiante, el viaje en tren era un mundo de vivencias.
Manuel veía, oía y aprendía…tanto como en la facultad.
Este relato está inspirado en hechos reales…

Evoca una época sin internet ni móviles…

Viajé en ese tren unas cuantas veces…

Me identifico con Manuel…

De hecho, puedo ser yo mismo.

Wagon-lit

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