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Actualmente, desde la aparición de las cámaras compactas y los
móviles de última generación, hacer fotos se ha convertido en algo
tan sencillo como apretar un botón. No obstante hay que tener en
cuenta algunas normas básicas antes de tomar una instantánea. En
primer lugar, tengamos en cuenta que las mejores horas para hacer
fotos son por la mañana o al atardecer; es decir, cuando el sol está
en un ángulo bajo respecto a nosotros. Procuremos evitar el
mediodía, ya que se producen unas características sombras debajo
de las cejas que ensombrecen los ojos, y la luz al caer a plomo
mata todo el contraste y la foto queda blanquecina, sin relieve ni
vida. Si no tenemos mas remedio que hacer fotos a esas horas,
haremos “saltar” el flash para conseguir mejores resultados. Igual
consejo para cuando el sol está frente al fotógrafo para que la
cámara no se “deslumbre” con el contraluz. Lo ideal es que el sol
quede detrás o a nuestro lado, nunca de frente.
En segundo lugar, antes de disparar dedicaremos unos pocos
segundos en componer la imagen que luego veremos en la
fotografía. Esto se llama encuadre y su composición es vital para
obtener una foto diferente, que nos deje satisfechos. Esta es la
parte artística de la fotografía, la que más se asemeja con la
pintura. Es importante “ver” la foto, buscar diferentes ángulos para
retratar un mismo objeto o persona. Si se trata de un paisaje
haremos aparecer un primer plano delante, para dar profundidad.
Si es un niño nos agacharemos para colocarnos a su altura.
Vigilaremos, en todo caso, el fondo para no incluir objetos no
deseados (p.ej. botellas en una mesa, coches en el campo, etc…)
En tercer lugar, potenciaremos nuestro sentido crítico. El que crea
que lo sabe todo no evoluciona, se estanca y nunca abandonará la
mediocridad. Procuremos llevar la cámara siempre con nosotros;
algo muy fácil ahora que las hacen tan pequeñas. En cualquier
excursión, paseo, en el propio hogar encontraremos muchas
situaciones propicias para plasmarlas en una foto. Sólo hay que ir
con la mente abierta, buscando esos momentos mágicos que luego
se olvidan, ese paisaje que nos ha hecho pararnos en el camino,
esas gentes anónimas que nos impresionan con su trabajo o modo
de vida etc…
Por último déjese aconsejar por un profesional; sobre todo los
temas técnicos, como la cámara que mejor se adapta a sus
necesidades, las limitaciones que tiene el flash en cuanto a
distancia cubierta, etc…
Luego a base de mucha práctica, muchos errores solucionados y
muchas ganas de hacer fotos se asombrará de los resultados
conseguidos. No olvidemos que tras los años y el olvido de muchos
buenos momentos, lo único que queda son las fotos. Como decía
Pablo Neruda en uno de sus poemas “A través de las fotos que
envejecen, podemos confesar que hemos vivido”.

Mykonos-

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