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El ferrocarril español de vía estrecha (FEVE) languidece. La foto de la situación no puede ser más desoladora: material móvil viejo que ocasiona constantes averías, vías y demás infraestructuras sin apenas mantenimiento, trazados obsoletos que impiden velocidades más adecuadas, bajas y jubilaciones de maquinistas que no se cubren y, por tanto, continua sangría de viajeros y balances económicos desastrosos. Los usuarios ya no piden que se adecúen horarios o se amplíen frecuencias, tan solo exigen que se cumplan los actuales. Con los habituales retrasos y cancelaciones no llegan a su trabajo, ni a la consulta del médico o al comienzo de las clases… Se desaniman y optan por otro medio de transporte, normalmente el todopoderoso ALSA.

vías de FEVE. Foto Figaredo, Gijón

Desde que Feve fue absorbida por Renfe-Adif la situación ha empeorado. Se comenta, y lo creo, que el “plan” es no hacer nada. Dejar que siga perdiendo viajeros hasta que no se alcance el número mínimo para ser considerado un servicio público, y dejarla caer cual manzana madura. Se conoce que lo único que importa ahora es invertir en el AVE, con nuevos trazados que no siempre son rentables, pero quedan muy bien para las inauguraciones… Pero no todo es la larga distancia; las cercanías, lo que podría ser el “metro” rural, servicio vertebrador de unos núcleos de población normalmente tirando a envejecida, también son útiles y necesarias. No hace tantos años la linea Gijón-Pola de Laviana era la más exitosa de Feve, la que más dinero daba a nivel nacional. Estuvo de moda ir en tren porque era cómodo, moderno y no contaminante; sostenible que se dice ahora. Con vías electrificadas y desdobladas en muchos tramos se consiguió un servicio de calidad, aceptado y valorado positivamente por los usuarios; los mismos que ahora huyen del tren para no tirar su tiempo a la basura.

tren llegando a estación. Foto Figaredo, Gijón

Capítulo aparte es el de largo recorrido. Emplear 5 o 6 horas de Gijón a Santander (según como caiga el transbordo en El Berrón), o las 8 o 9 horas que tarda el Gijón-Ferrol (según transbordo en Pravia), hacen de estos viajes auténticas profesiones de fe; solo aptos para turistas extranjeros que buscan el placer de viajar despacio (slow life), o amantes acérrimos del ferrocarril como un servidor. Y es que el paisaje que se contempla desde un tren de Feve por la cornisa cantábrica es espectacular: atravesando frondosos bosques rozando las ramas de los árboles, cruzando abismos de vértigo por enormes viaductos, pueblecitos de postal, hermosas y largas playas, o pasando junto a un acantilado con el proceloso mar al fondo… Bien lo saben los adinerados turistas que se suben al Transcantábrico, un auténtico crucero sobre ruedas al que no le falta detalle: departamentos con cama y ducha, coche salón, pub y restaurante hacen de este viaje, durmiendo a tren parado, una experiencia inolvidable.

estación de Foz. Foto Figaredo, Gijón

Feve necesita atención e inversión. Una apuesta clara por el futuro de las pequeñas poblaciones del norte, por el turismo de calidad y por el transporte de pasajeros y mercancías sin menoscabo del paisaje. ¡No la dejemos morir!

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