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muralla y pueblo de Belmonte, Cuenca. Foto Figaredo, Gijón.

Al día siguiente subimos al cerro donde se encuentra el castillo y
entramos a visitarlo. Hay taquilla, cafetería y tienda. Con la entrada
te dan un audio-guía para que escuches las explicaciones de todo lo
que ves en cada estancia. La vista empieza con un audiovisual muy
bien realizado. Te colocan en el ambiente de la época para entender
mejor el lugar en que uno está y su historia. Luego comienza la
visita, por libre, de todo el castillo. Desde las mazmorras hasta el
tejado. Todo está impecable. Estamos en un auténtico museo con
todas las habitaciones amuebladas.

almenas y vista desde el castillo de Belmonte. Foto Figaredo, Gijón sala con asiento en castillo de Belmonte. Foto Figaredo, Gijón
Por los pasillos se ven panoplias y armaduras. Nos llama la
atención los aposentos de Eugenia de Montijo: su cama con dosel,
su aparador, su bañera… todo marcado con la letra “E” para que
nadie se llame a engaño sobre la identidad de la dueña…

bañera de Eugenia de Montijo en castillo de Belmonte. Foto Figaredo, Gijón vestidor de Eugenia de Montijo, castillo de Belmonte. Foto Figaredo, GijónChimenea del castillo de Belmonte. Foto Figaredo, Gijón
Todas las ventanas tienen poyos para sentarse. Las habitaciones
incluyen chimenea. Es fácil imaginarse el frío que puede hacer en
pleno invierno. De hecho era común que el señor del lugar
atendiese a las visitas sin salir de la cama. Lo más divertido fueron
las letrinas: unos simples agujeros en la piedra que dan al exterior,
con una caída de unos veinte metros. No olía, no.

water de agujero en castillo de Belmonte. Foto Figaredo, Gijóncama con dosel. Foto Figaredo, Gijón techo y visitante en castillo de Belmonte. Foto Figaredo, Gijóntipica ventana de castillo. Foto Figaredo, Gijón
Impresionantes los techos de los pasillos y estancias más nobles.
Casi todos en excelente estado de conservación. Desde arriba,
entre las almenas, se divisa una gran panorámica. Todo el pueblo y
la vasta llanura manchega salpicada por pequeñas localidades.
El recorrido puede prolongarse lo que uno desee. Estuvimos unas
dos horas viéndolo todo. Al salir nos fijamos en lo que parece un
pozo franqueado por dos columnas y una gran báscula para pesar
animales, mercancías… o personas.

pozo, franqueado por columnas, del castillo de Belmonte. Foto Figaredo, Gijónbáscula gigante en castillo de Belmonte. Foto Figaredo, Gijón

Dejamos atrás el castillo y exploramos el tranquilo pueblo. En
gran parte conserva su muralla con puertas cada cierto trecho. Se
respira paz y sosiego. Es una delicia sentarse en la terraza de algún
bar a tomarse una caña tras el largo paseo.
Por la tarde dimos un garbeo por los alrededores del pueblo.
Vimos agricultores labrando un suelo seco y pedregoso. Muy pocos
árboles. Admiramos los molinos de viento tan típicos de la zona. No
en vano estamos en plena ruta de El Quijote.

puerta de Belmonte, Cuenca. Foto Figaredo, GijónMolino de viento manchego. Foto Figaredo, Gijón

Para las fotos, de las que hay profusión en este artículo, utilizamos objetivo normal o gran angular. En los molinos -y en todo el pueblo- es indispensable
un filtro polarizador, para contrastar la blancura de sus paredes con
el azul del cielo. Aquí la luz, comparada con Asturias, es cegadora.
Al día siguiente madrugón para tomar el bus a Cuenca, la capital.
Pero eso ya es otra historia…

Molino de viento en Belmonte. Foto Figaredo, Gijóncampo manchego con molino. Foto Figaredo, Gijón Alusión al Quijote en Castillo de Belmonte. Foto Figaredo, Gijón patio de armas y pozo en castillo de Belmonte. Foto Figaredo, Gijóncocina del castillo de Belmonte, Cuenca. Foto Figaredo, GijónBiblioteca de Eugenia de Montijo en su castillo de Belmonte. Foto Figaredo, Gijónun techo sin restaurar del Castillo de Belmonte. Foto Figaredo, Gijón

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